Cada vez son más las voces que apuestan por una nueva subida impositiva como medida para aumentar la recaudación estatal y tratar de suavizar la situación de las maltrechas arcas públicas.
Los rumores se originaron en los círculos económicos europeos, principalmente alemanes, que ven necesaria tomar esta medida. Este mensaje está empezando a calar hondo en los mentideros políticos españoles.
Vayamos por partes. Es cierto que dentro de la zona Euro, España está en la cola de presión fiscal, sólo superada por Irlanda, Grecia y Eslovaquia. El IVA español (18%), por ejemplo, es el segundo más bajo de la Unión, después del de Chipre (15%). El tipo máximo de IRPF que se cobra en España es del 43%, bastante por debajo del de la mayoría de países comunitarios.
Alemania desea que España adecúe sus impuestos a los del resto de países potentes de la Unión como condición para poder acceder a las posibles ayudas que pueda necesitar.
También se empiezan a oír rumores sobre la necesidad de implantar el copago en algunos servicios públicos (sanidad y transporte principalmente).
Si estas medidas se llevan finalmente a cabo, algo muy posible, nos podemos plantar en una situación de recortes y ajustes, unidos a una mayor presión fiscal. Esto afectará, como siempre, al consumidor final, al ciudadano de a pie, sobre quien se repercutiría directamente la subida del iva, viéndose reflejada en una nueva subida del precio de todos los productos y servicios. Si el tipo máximo de IRPF también aumentara, afectaría a los contribuyentes que tuvieran unas rentas más elevadas, pero sólo en teoría, ya que sería necesario una reforma entera de las escalas de IRPF para que fuera realmente equitativa y justa.
En fin, rumores poco halagüeños que incrementan esa sensación de incertidumbre que mantiene la economía estancada, temerosa de lo que el futuro pueda deparar.
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