Pasan los días y siguen apareciendo noticias que incrementan esa sensación de incertidumbre de la que tantas veces nos hemos hecho eco en estas líneas. La última, la intención de convocar referéndum por parte del gobierno griego para saber si aceptan las condiciones que les impone la Unión Europea para la concesión de un nuevo fondo de rescate. Curioso. Un país que se encuentra arruinado, que tiene gravísimos problemas sociales, de fraude fiscal, de pobreza política, decide echarle un pulso a la Unión Europea porque considera que las condiciones que le imponen son demasiado duras. ¿Cortina de humo?
Lo cierto es que a los dirigentes de las principales potencias europeas, véase Alemania y Francia, no les ha gustado en absoluto la medida tomada por Grecia, e incluso se empiezan a oír voces que claman por la exclusión del país heleno de la Unión. Esta medida tendría consecuencias nefastas a corto plazo, ya que la inversión que se ha realizado, tanto desde la Administración como desde el sector privado de los principales países europeos, para tratar de salvar a su vecino griego es demasiado importante como para perderlo todo. Además, sentaría un peligroso precedente para posibles situaciones futuras en las que podrían verse otros países de la Unión.
Si hablamos a medio plazo, la situación puede ser diferente. Si Alemania y Francia, principalmente, consiguieran sobreponerse al varapalo económico de la pérdida de los préstamos concedidos a Grecia, quizá, y sólo quizá, la tranquilidad podría volver a la eurozona, habiendo eliminado a su elemento más tóxico.
Es sólo una hipótesis porque, recordemos, el golpe de la salida de Grecia para la Unión sería durísimo, por lo que seguimos envueltos en ese aire de incertidumbre que tanto intoxica la economía europea.
Choca la decisión del gobierno griego. Veremos en qué acaba el referéndum, por un lado, y sobretodo, cómo responde la Unión Europea al pulso lanzado por el gobierno de Papandreu.
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