Parece claro que la situación económica que se está viviendo en España hace pensar que difícilmente se podrá lograr llegar a los niveles anteriores a la crisis, no ya a corto o medio plazo, sino pensando ya a años vista. Va a haber un antes y un después de la crisis, ya sea a niveles de bienestar social, como de estructura económica, esquemas funcionariales, formativos, credibilidad en el sistema financiero, etc.
El gran riesgo que estamos viviendo no es sólo la destrucción acelerada de empleo o la caída de la actividad económica, por poner unos ejemplos, sino que estas caídas formen parte estructuralmente de la economía española en los próximos años.
Por ejemplo, el elevadísimo nivel de paro en el que nos encontramos en la actualidad provoca una destrucción de capacidad de trabajo futura, debido a la salida de mano de obra cualificada al exterior, el desinterés en la búsqueda activa de empleo, la caída del nivel educativo...
Otro ejemplo válido puede ser el cierre masivo de empresas y pequeños negocios. Al cortarse el flujo de dinero por parte de las entidades financieras, junto con la caída de la demanda, ha provocado una contracción fatal en la masa empresarial del país. Por muy bien que pudieran ir las cosas a nivel macroeconómico en el futuro, costará volver a tener un tejido empresarial lo suficientemente competitivo para que de nuevo haya un crecimiento sostenible y sostenido.
Las políticas de recortes impulsadas por el gobierno, necesarias para el equilibrio de la balanza presupuestaria estatal, alimentan y amplían esta contracción económica, por lo que podemos decir que ya hemos alcanzado ese punto de dificil retorno, punto al que han llegado también varios países de nuestro entorno. Por el bien de las generaciones futuras, hemos de desear que no lleguemos a ese punto de no retorno, en el que la destrucción de infraestructuras económicas, educativas y sociales impidan a nuestra economía alcanzar en el futuro (lejano o no) volver a tener niveles mínimamente competitivos que posibiliten un crecimiento sostenible, menos expuesto a las debilidades estructurales propias de la economía española.
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